jueves, 26 de septiembre de 2013

No pego

No pego en ninguna parte. No pego una.

Es insano tratar de relajarse en el mismo sitio en que se es torturado, entonces en un arranque de lucidez y, viendo que no me iba a dormir, me propuse pasar la vigilia donde todos están despiertos.

Con la buena excusa de ser sábado a la noche, me disfracé de desenfadado y salí a dar una vuelta… a pasear sin rumbo, ver las bandas en vivo de los pubs, mirar a la gente y observar las miles de distintas especies que pueblan la fauna humana. Pensé que era mi oportunidad de ser yo mismo, en contraste con la tarde de hoy en que parecía un padre de familia. Pero la familia es una máscara, cuando uno tiene que describir una familia no se limita a enumerar los integrantes, también hay una serie de relaciones, compromisos y roles que aquí no se dan. Aquí sólo están los integrantes, lo suficiente para que los desconocidos vean avanzar a ese grupo humano y lo llamen familia. Lo suficiente como para que el que padece el más humillante de los abandonos parezca contenido y amado.

Entonces esta noche salí solo. Pero solo con todo su significado, nada de interrumpir la soledad con un "átate esos cordones". Solo es verse solo, cargar con la soledad, mostrar que no hay nadie que lo quiera a uno y vivir, finalmente, que nadie tiene que representar el espectáculo de integrarlo a su núcleo.

Cuando se es ignorado por "las miles de distintas especies que pueblan la fauna humana", se siente que uno no pertenece a cada uno de esos grupos. No pego en ninguno de esos grupos: algunos son muy mayores, otros muy jóvenes, otros de mucho más alto nivel económico, otros de penosa intelectualidad, grupos mixtos, grupos de hombres, grupos de mujeres.

A pesar de sus disimilitudes evidentes, todos los grupos concordaron en dos características: todos lo estaban pasando bien y todos me ignoraban. Entiendo que fue una buena noche de sábado para toda la ciudad y que nadie necesitó de mí para que fuera tan buena. Existir y no existir es indiferente.

Llegué a casa y los demás dormían, miraban tele, chateaban… nadie notó mi ausencia o, al menos, no les fue impedimento para llevar adelante sus rutinas. No existo.

No pego y la realidad no para de pegarme.

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