lunes, 20 de enero de 2014

El meteorito. Capítulo 1

Estabamos en clase, cuando se oyó lo que pareció una piedra cayendo contra el suelo, al instante un temblor recorrió todo el edificio provocando que el techo cayese encima de nuestras cabezas. Fuimos pocos los que reaccionamos con la velocidad suficiente como para resguardecernos bajo las mesas. El suelo se tiño de un rojo intenso provocado por los cadaveres aplastados de mis compañeros por los escombros. El aire estaba lleno de polvo por lo que era dificil respirar, una vez nos calmamos, y debido a que estabamos en la segunda planta, nos armamos de valor y sobre nuestras espaldas cargamos la mesa maciza de madera y nos dirigimos hacia la salida, las puertas estaban bloqueadas, debido a que el marco había cedido al peso del techo, mientras nos dirijiamos a la puerta, el suelo del fondo del aula comenzó a desmoronarse, y avanzaba de forma rápida hacia donde estabamos por lo que corrimos hacia la puerta, usando la mesa como ariete logramos tirarla abajo a tiempo para salir.



Una vez logramos salir, vimos como todo el aula desaparecía como si nunca hubiese estado ahí, y pudimos observar como un meteoro de unos 3 metros de diametro había caido en medio del aparcamiento provocando un crater gigantesco, la temperatura podría rondar los 40 grados, y los efectos de deshidratación podían notarse en cada uno de nosotros, los coches que no habían sido carbonizados por la onda expansiva no paraban de sonar sus alarmas, varios camiones de bombero intentaban sofocar las llamas por miedo a que el fuego se propagara, ahora lo único que nos separaba de la muerte era el suelo encima del que estabamos...Comenzó a crujir el suelo y las escaleras no eran una posibilidad para bajar, así que bajamos por los escombros encima de la mesa y llegamos a la entrada del edificio, pudimos distinguir a otras personas saliendo de otros edificios.



Ya estabamos a salvo, así que vimos cuantos habíamos sobrevivido al incidente. En total sólo sobrevivimos 6 personas de las 20 que había en clase, oiamos los lamentos débiles de algunos compañeros que habían sido aplastados por el techo, y daban sus últimos gritos a la vida, nos pusimos de acuerdo en que si alguno resultaba herido, no se le dejaría atrás salvo que no hubiese posibilidad de salvarse. De repente, el meteoro caido comenzó a brillar, y con una luz cegadora desapareció.

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