viernes, 21 de febrero de 2014

Gracias Fernando por todo

Fernando, hace ya 10 años que te marcharte, y todavía me parece ayer cuando nos conocimos, yo estaba con un libro leyendo, cuando te sentaste a mi lado y me preguntaste por el título de mi libro, ese fue el comienzo de nuestra amistad, porque nos dimos cuenta de que nos gustaban los mismos libros, los de aventura y fantasía.

Nos gustaban esos libros porque nos hacían viajar a otros mundos en los que nosotros eramos los héroes de las aventuras...aun guardo en mi cuarto el libro que comenzamos a inventarnos entre los dos, aunque nunca se ha acabado, escribo en ese libro un capítulo cada 14 de Febrero, pues es la única manera de tu recuerdo perdure.

Espero que estés donde estés te alegres de que siga adelante sea cual sea el obstáculo que me encuentre, aunque ya hace años que no hablamos, me has ayudado tanto a ser la persona que soy ahora, alguien seguro de si mismo, que es capaz de dejarlo todo tan solo para sacarle una sonrisa a esa persona cercana a uno que está mal. Has hecho tanto por mi, estés donde estés, siempre tendrás una parte de mi mente de la que nunca lograrás salir, porque fuiste mi mejor amigo.

viernes, 14 de febrero de 2014

Hace ya 10 años...Y lo vivo como si fuese a ocurrir hoy mismo

Hoy, hace ya 10 años, iba con un amigo por la calle cuando unos sujetos nos atracaron a punta de navaja, mi amigo se puso frente a mi protegiendome, cuando uno de ellos le clavó la navaja en el abdomen perforandole el intestino, se desangró a los 2 minutos...Nunca olvidaré como sus ojos iban perdiendo vida y brillo mientras me susurraba que no había sido culpa mia.

Cada 14 de Febrero, me quedo en mi casa llorando...Era mi mejor amigo, mi único amigo en el colegio. Aprendí defensa personal para ser yo el que protegiera a mis amigos, y nunca permitirme el volver a repetir esa escena.

Así que, ésta es mi historia de la razón de mi odio al 14 de Febrero...

martes, 4 de febrero de 2014

El verdadero amigo

Así me lo han contado. Un soldado, en pleno campo de batalla, dijo al oficial:

- Mi amigo no ha regresado del campo de batalla. Señor, solicito permiso para salir a buscarlo.

El oficial contestó:

- ¡Permiso denegado! No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que, probablemente, ya ha muerto. 

El soldado, haciendo caso omiso de la prohibición, salió en busca de su amigo. Una hora más tarde, regresó mortalmente herido y transportando el cadáver de su amigo.

El oficial, viendo lo que estaba sucediendo, se llenó de furia y le increpó vociferando:

- ¡Ya le dije que había muerto! ¡Ahora he perdido a dos hombres en mis filas!

Y continuó diciendo:

- Dígame, soldado: ¿valía la pena ir al campo de batalla para traer un cadáver?

Y el soldado moribundo contestó:

- ¡Por supuesto, señor! Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme: "AMIGO... ¡SABÍA QUE VENDRÍAS!"

El amigo verdadero no mide las consecuencias, está siempre dispuesto a dar lo suyo, incluso la propia vida.